Como Harry y Hermione en la Cámara de los Secretos, nos encontramos con un basilisco enorme de festivaleros que serpenteaba desde la entrada del Parc del Forum hasta el cúmulo de taxis que atascaba media Diagonal. Menos mal que nuestro pársel es de calidad y conseguimos llegar hasta la zona de acreditaciones sin problema.

Una vez dentro del recinto, hicimos un breve estudio de campo, ya que como en cada edición, había nuevas zonas y escenarios. Tras situarnos en esa pequeña ciudad, fuimos directos al escenario Mango, donde Triángulo de Amor Bizarro estaba a punto de empezar. El grupo gallego de indie rock/noise tenía el sol de cara cuando salieron a tocar temas de su último disco “Salve Discordia”, ante una audiencia que estuvo muy animada desde el minuto 1. Salimos de ahí dando botes en cuanto oímos el rumor de que Arcade Fire, cabeza de cartel del tercer día, había organizado un concierto sorpresa en un escenario que no aparecía en los planos del festival.

ARCADE FIRE

Volamos y ahí estaba, un pequeño escenario donde el grupo se distribuyó en posición circular, con las torres de recuperación ambiental de Endesa tras ellos, de foto. No fuimos los únicos en enterarnos, siendo el escenario descubierto más pequeño de todo el recinto, se abarrotó de gente como si de un escenario principal se tratase. Con el último acorde de la banda canadiense, nos dimos la vuelta al son del doble bombo de Mario Duplantier, baterista de los franceses Gojira, que presentaban su último trabajo, “Magma”. Tocaron sobre el escenario Primavera, el que más hueco dejó a bandas de sonido extremo. Los de Bayona encontraron una audiencia numerosa, pero pocas camisetas negras y pogos más bien reducidos, cosa que no hizo que los hermanos Duplantier y compañía siguiesen agitando las cabezas y corriendo por el escenario Primavera.

Gojira

De camino a los escenarios principales, recargamos pilas en uno de los muchos Food Trucks (Kebab en nuestro caso) que hay por el Primavera antes de llegar al cabeza de la noche, Bon Iver. La espera de la cena nos hizo llegar demasiado tarde. La masa de gente era impenetrable. No quedaba otra que verlo a través de la cámara y es lo que hicimos, pero a pesar de los contratiempos, lo vivimos. Y tras disfrutar de “Skinny Love”, nos retiramos a nuestra habitación en la torre Gryffindor.

Viernes 2: 

Entramos en el recinto escuchando a los vascos Belako, que en cuatro años han escalado hasta tocar en el escenario Heineken, uno de los dos más grandes del festival. No fue sorpresa encontrar a una horda de público extranjero que se sabía las letras de este joven grupo que promete llegar a lo más alto de la escena nacional.

Una vez más llegó a nuestros oídos la actuación sorpresa de Mogwai, en el distrito Bacardi Live del festival. Cambiamos la Nimbus por una Saeta de Fuego para llegar a tiempo a la otra punta del festival. Pudimos avanzar entre la gente hasta llegar a tercera fila y disfrutar de uno de los grupos de rock instrumental más grandes de la historia.

MOGWAI

El fin de su actuación supuso el éxodo de un público con prisa por ir a ver a Descendents en el Primavera, justo al otro lado de la pasarela, al cual nos apuntamos. El grupo californiano celebra, entre idas y venidas, su cuadragésimo aniversario, y qué mejor que hacerlo en el festival más grande del país. Ya no van en skate ni se tiran al público, pero menudo espíritu tiene esta gente.

Volviendo al escenario Mango, pasamos por el Adidas Originals a ver qué se cocía, y pudimos ver actitud islandesa desconocida por estas latitudes, Fufanu. Con una batería pesada y guitarras ambientales, el joven grupo llevó a una entregada audiencia a los tiempos de auge del post-punk británico. Muy recomendables estos chavales, pero al parecer el baterista de Mac Demarco está tocando en pelotas, así que vamos para allá, que esto promete.

Llegamos al escenario Mango y tal cual, en pelotas. La risa entre el público era contagiosa, más aún cuando el propio Mac se marcó un striptease con tanga incluído. No conocíamos  a la banda, pero no creo que olvidemos su show. Si de cada festival te llevas un recuerdo, sin duda este es el que se quedará en nuestra memoria del Primavera 2017.

Mac demarco

Mientras las risas continuaban, nos giramos para avanzar entre miles de personas a las que ningún hechizo parecía afectar. Nos dirigíamos al escenario Heineken, donde The XX se disponía a tocar, como cabeza de cartel del segundo día. El trío británico contó con el coro de 50.000 fans que lo acompañaron hasta el final. A mitad de concierto nos entró un poco de sed de psicodelia y cogí la Nimbus 2000 para pasar al otro lado de la muchedumbre y visitar el Night Pro, donde tocaban los brasileños Marrakesh. Con una mezcla entre indie y la psicodelia de los 60, consiguieron levantar de las gradas a todo el mundo, que sabía a lo que iba.

Cuando volvimos al escenario Heineken, Jamie XX seguía sobre el escenario, en medio de una sesión de electrónica muy funky, recordándonos a Mark Ronson, la gente estaba bailando como si no hubiera un mañana… Pero aún nos quedaba un día, queridos muggles.

Sábado 3:

Dado que era el último día de festival, comimos pronto para ver a los, según Mondo Sonoro, portadores de la nueva psicodelia nacional: los madrileños Melange. Con melodías pegadizas y mucha reverb en las voces, sacaron de la sombrita al puntual público, que no tuvo que llegar a pelearse por las miles de gorras que regalaban las chicas de Firestone junto a su Volkswagen California. Lorenzo pegaba fuerte, pero la música siempre gana.

Descubrimos que el escenario Ray-Ban estaba comunicado con el Pitchfork por un camino que no conocíamos, así que tiramos para allá a ver a los autóctonos Museless, dúo de electrónica que jugaba con los loops en directo, sintetizadores, guitarra eléctrica y violín. Sí, sí, hemos dicho dúo… Lo tenían todo pensadísimo, pero sonaban trompetas del Ray-Ban y volvimos para encontrarnos con Shye Ben Tzur & the rajasthan express. Un show lleno de música oriental genuina con una orquesta india y un público totalmente dentro. El concierto con más sonrisas y gente bailando que vimos en todo el festival.

Llegamos a Pond para ver los últimos temas de un grupo que tiene un directo más entretenido que el río del cual nació como afluente. La banda liderada por Nick Allbrook, ex-miembro de Tame Impala, caldeó el ambiente en la zona de los principales, para dar paso a un clásico: Van Morrison, que salía a por todas con su saxo. Llovieron los clásicos y la gente cantó todo lo que quiso, pero no queríamos marcharnos del festival sin saludar al grupo de post-rock con más futuro del país, Jardin de la Croix. Como seguidores de la banda que somos, les seguimos la pista desde hace unos años, pero la energía que desprende este cuarteto madrileño no es normal, ni siquiera en la escena instrumental a la que pertenecen.

JARDIN DE LA CROIX

Después de la tempestad llegó la calma, y salimos disparados del escenario Adidas Originals al escenario Mango para ver a Metronomy, una de las bandas más esperadas de todo el festival. La banda de new wave/indietronica continúa presentando su último trabajo, “Summer 08”, con el que han renovado su puesta en escena y han conquistado a una audiencia mucho mayor, en la que nos incluimos.

Como gente de tradición que somos, aprovechamos que quedaba hora y media para Arcade Fire y fuimos a por nuestro kebab de pollo. Pudimos comérnoslo sentados frente al escenario Mango, esperando que diesen las doce. Se apagaron las luces y el escenario se llenó de músicos. “Wake up” despertó a todo el festival, que vendió su alma al grupo durante las siguientes dos horas. Salir de ahí fue más difícil que ganar una partida de ajedrez mágico, y para cuando llegamos al escenario Primavera, vimos un par de temas del grupo de doom metal Sleep. Haciendo honor a su nombre, seguimos el callejón Diagón hasta nuestra cama en el Caldero Chorreante y, agotados, caímos en el último “sueño de una noche de Primavera”.

Travesura realizada.

arcade fire